Aqui va mi humilde aporte. Un cuentito con el que autojustifico la profesion que elegí. Espero que les guste, con este gane el pase al FIAP 06.
¿Por qué tan lejos?
En un perdido pueblo al sur de Bolivia esta historia me encontró. Cargaba 15 kilos en mi espalda, el aire me faltaba y la ampolla del pie había comenzado a cobrarse mi paciencia. Con la mochila a cuestas todo se hace un poco mas difícil, pero hay algo que se hace tremendamente sencillo y es colectar amistades. Allí estaba, tirado en una pequeña plaza tomando mate con gente que en mi vida había visto y con la cual ya me relacionaba como si tuviésemos una gran amistad por detrás.
Entre mate y mate el atardecer nos encontró, el grupo había ido creciendo y a esa altura ya éramos como 15. Así como llegaron, en grupitos reducidos fuimos quedando cada vez menos. De repente y totalmente despreocupada una voz dijo “A que hora salía el bondi?” ahí nomás sin siquiera responderle todos agarramos nuestras mochilas y salimos corriendo a al terminal.
El colectivo parecía el Arca de Noe, todos abarrotados como queriendo escapar del diluvio universal. Una vez acomodados en nuestro respectivos lugares, el pasillo se pobló de cholitas y una pequeña sensación de claustrofobia corrió fugazmente por mis venas. La cara de mi compañero de viaje me hizo saber que el sentimiento era mutuo.
Llegamos al primer pueblo y el color de mi remera atestiguaba un camino de tierra que pocas veces había visto llover. Luego de esperar que el pasillo fuese circulable de nuevo descendimos, en el preciso momento que pise sentí que el tiempo, sin preguntarme, retrocedía 80 años. Pequeñas casa de adobe completaban el marco imponente de un paisaje que emocionaba a tal punto de no creer lo que mis ojos veían. Pero todo este imponente marco, donde se palpaba lo mas puro de la cultura boliviana, fue roto en un santiamén por algo con lo que jamás imagine encontrarme. A 3500 mts sobre el nivel del mar y a miles de kilómetros del primer mundo, un pequeño cartel rojo de madera me indicaba que aquello que tanto me ha gustado desde que termine la secundaria había adquirido un nuevo sentido.
Ese pequeño cartel con letras blancas me había hecho entender que el verdadero valor de una buena publicidad no estaba en ganar un Clio o un Cannes, la publicidad iba mucho más allá de un festival, un premio o una buena campaña. Comprendí que la esencia de la publicidad está en llegar a donde muy pocos llegan. Coca Cola lo había logrado, perdido en un pueblito en el medio de la puna boliviana y a muchos kilómetros de todo, un pequeño coya de apenas 7 años me ofrecía la mágica bebida que un día John Pemberton ideó como jarabe en su farmacia de Atlanta.
miércoles, julio 19, 2006
Muñecos del barrio.
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