miércoles, abril 11, 2007

Sobre las mil caras de la verdad.

Comentario sobre la nota de opinión de Daniel Gattás en la Voz del Interior del día 11 de abril de 2007. http://www.lavoz.com.ar/07/04/11/secciones/opinion/nota.asp?nota_id=61217

Ayer no más leíamos a un hombre que leía a otro hombre que escribía sobre otro hombre que había salido a buscar la verdad plena. Y obviamente no la encontró.

La explicación que nos dieron era que los hombres no están dispuestos a pagar el precio de la verdad y que nosotros los argentinos deberíamos hacer el sacrificio y pagarla cueste lo que cueste.

Esperen! Alto! Tengo que hacer una aclaración: quizás está última conclusión no es “la verdad” sino mi visión del artículo publicado y por ende de la realidad y sobre eso me gustaría hablar.

Desde que lugar distinto a nuestra mente, a nuestra percepción, a nuestro particular recorte del mundo, a nuestra mirada atravesada por los filtros de los sentidos, los recuerdos, las emisiones, la duda, el amor y el odio debemos pararnos para encontrar la verdad plena?

Cuan plena es la verdad si no incluye todas las verdades?

Es cierto ( o mejor dicho: es real) que la inseguridad campea sobre cada calle cada barrio, cada pueblo de nuestro país, nuestro continente y nuestro mundo. Pero no deja de ser menos cierto y menos real que un domingo cualquiera, un feriado reciente como el del pasado lunes uno puede recorrer en bicicleta las calles de nuestra ciudad, de nuestros barrios más modestos y encontrarse con niños jugando al fútbol en los potreros, con adolescentes leyendo apuntes en las veredas de su casas mientras se dejan mimar por los pocos rayos de sol que últimamente nos regala el cielo, con familias que sacan al “porche” el metegol, el televisor, la mesita para tomar mate.
Es cierto (o real?) que los políticos hacen alianzas por intereses, por negociación, por espacios de poder, pero no es menos cierto que muchos, muchos más políticos de los que imaginamos creen en lo que hacen, confían en que están trabajando para mejorar ciertas cosas. Podemos no coincidir en los métodos o tal vez los objetivos pero, necesariamente debemos desconfiar de todas las intenciones?
Es cierto que la realidad (o la verdad?) no es la que dicen los políticos, ni el índice de desempleo ni el de precios al consumidor. Pero también es cierto que la agenda de lo que se habla la definen los medios, que hasta el más ignoto notero se considera con derecho a editorializar, a decir que está bien y que está mal, a pre-juzgar y a definir su discurso (y el de su entrevistado) en función de lo que es “noticia” de lo que tiene “punch” de lo que va a pegarle al espectador en el medio del corazón, de lo que le va a permitir subir un escalón más y tal vez mañana ser el jefe de redacción más allá de que lo que diga sea verdad o no.

Leyendo la nota del doctor Gattás, cuando el hombre entra a la tienda y vendedora le ofrece un sin número de verdades a comprar: la verdad estadística, la verdad parcial, la verdad relativa mi imaginación me hizo suponer que él se habría decidido por comprar todas, porque cuanto más “verdades” tuviera más cerca estaría de que la suya propia, la que habría de construir en su mente y su corazón y esta verdad sería la más amplia, la más compleja, la más probada, en definitiva...la más plena.

Pero no, parece que los seres humanos en lugar de aceptar que la realidad es mucho más amplia, compleja, inexplicable, difusa y volátil de lo que nuestra mente está dispuesta a aceptar, estamos condenados a buscar siempre una única verdad, una verdad absoluta, una verdad fundamental y quizás esa búsqueda imposible es la que realmente nunca nos deja estar en paz.

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