viernes, mayo 11, 2007

El tiburón que quería ser delfín

(Publicado en La Voz del Interior http://www.lavoz.com.ar/Nota.asp?nota_id=49594&high=duilio)

¿Qué es más importante: un punto más en las utilidades o poder circular por Davos sin que los huevos podridos se estrellen contra tu limusina? ¿Es más valioso estar en la tapa de Fortune como el Empresario del Año o que tus hijos y/o nietos reciban un e-mail masivo que dice que tu empresa explota niños en Malasia? A muchos empresarios y líderes del mundo (y de nuestro país) la realidad les está cambiando como si el Katrina hubiese pasado por su vida llevándose la brújula y dejando un lodazal en el que se mezclan la incertidumbre y la desesperación. Hoy, ganar dinero sin importar el precio a pagar ha dejado de ser un objetivo excluyente. Hoy la mayor mercancía, el objeto más deseado, ha pasado a ser el respeto. Y el respeto es producto de la riqueza y el poder, pero también es hijo natural de la educación, de la responsabilidad, de la inteligencia, de la cultura, de la sensibilidad. Las reglas están cambiando y con ellas cambian los sistemas de medidas. El cambio climático se impuso en la agenda mundial con la fuerza de un vendaval, literalmente. El efecto derrame tan posible en la teoría, en la práctica, sólo ha derramado mayor pobreza y desigualdad. El neoliberalismo se convirtió en la segunda ola de las decepciones ideológicas. La primera arrastró el muro de Berlín y con él la fantasía del socialismo "real". En la misma hoguera de las vanidades alimentada por las inexistentes armas químicas de Irak se consumen los directivos de Enron mezclados con las privatizaciones salvajes de Menem y el megacanje de Cavallo aderezados por las "infalibles" recetas del FMI. Un voraz incendio hizo desaparecer los paradigmas vigentes de las últimas décadas mientras millones de personas lo veían en vivo por You Tube. Porque los medios digitales parecen haberse vuelto contra el amo y divulgan como el virus del Ebola lo que el sistema trata de ocultar, siendo ésta quizá su única cualidad democrática. Los empresarios del siglo XXI son parte de la sociedad del nuevo siglo y cambian con ella, se adaptan a ella principalmente porque antes de ser empresarios son personas que viven en esa sociedad. El auge de las acciones de RSE demuestra que la caridad está dejando paso a la responsabilidad, la decisión de algunas grandes empresas norteamericanas de adelantarse a los problemas del cambio climático, antes inclusive que su propio gobierno, hablan de su capacidad de reacción. Los cambios políticos en Latinoamérica, el regreso de las estrellas de Hollywood a las manifestaciones en Washington contra la guerra e inclusive las pequeñas decisiones privadas, esas que se toman en los sillones de cuero de antílope, en la oficina vidriada, solo en la oscuridad, mirando el mundo a sus pies en una torre de Nueva York, Kuala Lumpur o Tokio, hablan de un tiburón que quiere dejar de ser el predador de todos los mares, para convertirse en un delfín, querido admirado y respetado por su agilidad, belleza, inteligencia y conciencia de grupo. Y puede ser que lo logren porque muchas veces, de lejos, los delfines se confunden con los tiburones y a la distancia también infunden respeto.

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